Psicologo de niños Alicante

TERAPIA INFANTO-JUVENIL

Durante el proceso de desarrollo del niño y adolescente, es normal que surjan algunas dificultades y que muchas de éstas se acaben solucionando con el tiempo.

Sin embargo, existen otras situaciones en las que
se hace imprescindible abordar el problema, ya sea porque le produce un malestar significativo y le limita en ciertos ámbitos de su vida, o porque podría consolidarse e incluso agravarse dando lugar a otras problemáticas o psicopatologías..

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Durante el proceso de desarrollo del niño y adolescente, es normal que surjan algunas dificultades y que muchas de éstas se acaben solucionando con el tiempo.

Sin embargo, existen otras situaciones en las que
se hace imprescindible abordar el problema, ya sea porque le produce un malestar significativo y le limita en ciertos ámbitos de su vida, o porque podría consolidarse e incluso agravarse dando lugar a otras problemáticas o psicopatologías..

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Por eso es necesario realizar una correcta evaluación mediante cuestionarios, pruebas estandarizadas y entrevistas al niño o adolescente, a los padres o tutores, y a la escuela siempre que sea posible, para poder ofrecer un tratamiento eficaz y personalizado.

Una vez realizada la evaluación, se desarrollará un plan de tratamiento que irá especialmente dirigido al menor y a los padres, incluyendo a éstos también como elemento activo de la intervención.

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Por eso es necesario realizar una correcta evaluación mediante cuestionarios, pruebas estandarizadas y entrevistas al niño o adolescente, a los padres o tutores, y a la escuela siempre que sea posible, para poder ofrecer un tratamiento eficaz y personalizado.

Una vez realizada la evaluación, se desarrollará un plan de tratamiento que irá especialmente dirigido al menor y a los padres, incluyendo a éstos también como elemento activo de la intervención.

¿Cuáles son los motivos más habituales en la consulta para niños?

Por un lado, los trastornos del estado de ánimo como son, la depresión, incluyendo la distimia o un estado emocional de tristeza, y la ansiedad, ya sea trastorno de ansiedad generalizada, miedos o fobias.
Aparte de ello, son bastante frecuentes las demandas de tratamientos para niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, al igual que para los problemas de conducta de los niños, sobre todo agresividad, que derivan en dificultades paternofiliales, para las cuales también ofrecemos nuestra ayuda así cómo para las dificultades que puedan surgir referentes a pautas educativas y de crianza.
Por otro lado, la encopresis y la enuresis es un problema habitual que puede volver a surgir pasada una temporada en la que la problemática había mejorado o incluso desaparecido, siendo conveniente evaluar al menor para descubrir las causas de porqué la conducta ha vuelto a surgir.
En lo relativo a lo académico, atendemos todas aquellas peticiones que tengan que ver con fracaso escolar, así como, problemas en el rendimiento además de acoso escolar.
También suele ser motivo de consulta los déficits en las habilidades sociales siendo nuestro trabajo proveer al menor de herramientas para solucionar todos aquellos problemas derivados.
Añadir a todo lo comentado anteriormente, los trastornos del sueño como, pesadillas, sonambulismo, terrores nocturnos, etc. y procesos de duelo no concluidos ya sea, por la pérdida de un ser querido, por el divorcio de los padres o por la ruptura de su pareja sentimental.
Por último, mencionar las adicciones sobre todo a las nuevas tecnologías ya que se está viendo un aumento de demandas de consulta por esta problemática.

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Trastornos más frecuentes
en consulta:
( tristeza, depresión, distimia…)

En nuestra consulta de Alicante e Ibi solemos tratar varios trastornos, y los más frecuentes pueden ser los siguientes:

  • Ansiedad, miedos y fobias
  • Problemas de conducta (agresividad)
  • Dificultades en las relaciones paterno-filiales
  • Pautas educativas y de crianza
  • Enuresis y encopresis
  • Fracaso escolar
  • Timidez, fobia social, acoso escolar
  • Trastornos del sueño
  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad
  • Procesos de duelo
  • Adicciones

¿Cómo funciona la consulta con niños?

Cuando venís a consulta con vuestro/a hijo/a, debéis venir los padres, dado que debéis autorizar los dos el tratamiento que vayamos a seguir.

En la primera visita, con los menores de 6 años, entraremos todos y me contaréis que es lo que ocurre, para después quedarme a solas con el menor y comenzar la evaluación del caso. Posterior mente os invitaré a entrar en consulta nuevamente y comentaremos lo que se ha detectado y las medidas que se recomiendan iniciar. Tanto en consulta como en casa.

Con menores mayores de 6 años, primero pasarán ellos solos, con el fin de establecer una buena relación terapéutica y después se os invitará a pasar para informaros del resultado de la evaluación y de las medidas a poner en marcha, tanto en consulta como en casa.

En las siguientes consultas podéis venir solamente uno con el menor y a consulta entrará el solo. Después de cada sesión os invitaremos a pasar y os informaremos de la evolución, así como de los cambios a hacer en caso de ser necesario.

Si tenéis alguna duda, podéis contactar con nosotros y os informaremos de todo de forma mas detallada.

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¿Qué hacer antes de pedir ayuda?

A día de hoy puede haber muchas razones por la cual necesitamos la ayuda de un profesional, pero antes podemos tomar ciertas medidas desde casa que nos puede ayudar a paliar las situaciones problemáticas. Algunas de ellas pueden ser las siguientes:

¿Qué podemos hacer cuando nuestros peques presentan problemas de sueño?

Si observamos que nuestros hijos presentan problemas a la hora de conciliar y/o mantener el sueño durante la noche, podemos seguir unas recomendaciones básicas con respecto a la higiene del sueño con el fin de que estas dificultades desaparezcan o disminuyan.

Lo primero que debemos establecer con nuestros peques son horarios regulares de acostarse y levantarse, es decir, que se duerman y se levantan a una hora similar para acostumbrar a su cerebro a que, llegadas las diez de la noche, por ejemplo, es hora de dormir. De esta forma, conforme se acerque la hora establecida, nuestros peques irán tendrán sueño y los problemas de conciliarlo se disiparán. Algo importante para tener en cuenta es que, dichos horarios deben mantenerse aun estando de vacaciones, ya que, de lo contrario, no servirá de nada el esfuerzo y tiempo empleado debido a que al finalizar las vacaciones deberemos de volver al inicio.

Otra pauta que podemos implantar es que la cama sea únicamente para dormir, de esta forma iremos asociando la cama al descanso. Además de ello, conviene asegurarnos de que el entorno es apropiado para dormir, es decir, no hay ruido excesivo que dificulte el sueño, que haya la suficiente oscuridad (este aspecto se puede verse modificado si nuestro hijo presenta problemas para dormir por miedo a la oscuridad. En este caso, podríamos recurrir al uso de una lamparita y si el problema persiste lo más conveniente sería acudir a un especialista) y que la temperatura del dormitorio sea agradable (lo ideal es entre 18 y 20 grados).

Realizar rutinas antes de acostarse, podemos al principio realizarlas con ellos al igual que todo lo mencionado anteriormente. Esta pauta tiene el objetivo de preparar al menor tanto física como mentalmente al acto de dormir. Ejemplos de ello pueden ser, lavarse los dientes, ponerse el pijama, escuchar música tranquila, etc.

Por otro lado, también podemos realizar ejercicios relajantes antes de dormir, como puede ser, series de respiraciones lentas y profundas para que nuestro cerebro comience a emitir las ondas alfa, que caracteriza al estado de calma y relajación. Poco a poco dichas ondas se irán combinando con las ondas theta propias de la primera fase del sueño. Si esto no es posible, también se pueden hacer actividades relajantes que además contribuirán a establecer la rutina del sueño antes mencionada (ej. Una ducha o leer un libro).

Otro aspecto relevante para tener en cuenta es que nuestro organismo produce una sustancia denominada melatonina cuya función es inducir el sueño. Para que se produzca una adecuada segregación de melatonina es necesario que estemos expuestos a la luz solar, de forma que, durante el día nuestro organismo va produciendo esta sustancia para que, una vez llegada la noche, tengamos suficientes reservas de melatonina y de esta forma, conciliar y mantener el sueño. Para ello, podemos realizar paseos con nuestros peques intentando que coincida con las primeras horas del día para evitar ejercicio estimulante cerca de la hora de dormir.

Por último, conviene que el menor tenga una adecuada y completa alimentación, evitando comidas copiosas antes de acostarse.

¿Qué podemos hacer cuando nuestros peques nos contestan mal o dicen muchas palabrotas?

Durante la infancia y adolescencia es normal que nuestros hijos puedan pronunciar palabras malsonantes ya que hoy en día están expuestos a multitud de fuentes de información en la que expresan palabrotas o se comunican de una forma inapropiada con sus familiares y/o amigos.

Es importante que ante estas situaciones mantengamos la calma en la medida de lo posible, ya que si reaccionamos de una forma desproporcionada al acto en cuestión estaremos reforzando esa conducta, es decir, le estaremos otorgando más fuerza y poder a esa palabra o conducta. Del mismo modo, conviene no sonreír o reírse. En otras palabras, ignorar la emisión de estas palabras. Quizás simplemente con el hecho de no otorgarle atención produzca la omisión de esos comportamientos.

Si el problema persiste, debemos explicarle que esas conductas pueden ofender a la gente y hacerles sentir molestos o incómodos. Explicarles también cómo nos sentimos nosotros cuando nos habla de esa forma (ej. Tristes, preocupados, molestos, etc.).

Si esos comportamientos los emite para transmitir su irá o desacuerdo, podemos enseñarle conductas alternativas saludables.

¿Qué podemos hacer cuando nuestros peques lloran sin motivo aparente?

En muchas ocasiones veremos cómo nuestros hijos comienzan a llorar sin razón alguna y no sabemos exactamente ni por qué ni cómo debemos de actuar al respecto.

Si observamos que esto ocurre, lo principal es descartar que el llanto sea respuesta de un daño físico o un peligro para la vida del pequeño.

Lo siguiente es distinguir entre rabieta y llanto ya que, la primera es un arrebato debido a que el pequeño desea nuestra atención por algún motivo o porque desea algo que le estamos negando.

En este caso, lo que no debemos hacer es reforzar al menor con nuestra atención, es decir, los pequeños utilizan este tipo de llanto normalmente como herramienta para conseguir aquello que desean y nuestra respuesta más habitual es reforzar esa conducta con nuestra atención y cediendo en aquello que nos solicita.

Si esta secuencia se va repitiendo en el día a día, en su cerebro quedara aprendido que para conseguir lo que quiere tiene que llorar, pues se saldrá con la suya sin esfuerzo alguno a la vez que iremos entrenando a nuestro hijo a que tenga cero tolerancia a la frustración lo que puede desembocar en problemas de otra índole en un futuro.

Por lo tanto, para evitar que el niño utilice el llanto de una forma inadecuada, en estas situaciones no cederemos a su petición ni le otorgaremos atención, esperaremos a que el niño deje de llorar por sí solo.

Por otro lado, si hemos descartado que sea una rabieta, probablemente el llanto de nuestro hijo se deba a que es la forma que él conoce para comunicar estados de ánimo o sensaciones corporales derivadas de esos estados.

Deberemos ir enseñando a nuestro hijo poco a poco a que nos comunique qué le pasa o cómo se encuentra y observar también en qué contextos se produce estos llantos ya que quizás, se produzcan siempre en un determinado entorno como, por ejemplo, cada vez que nuestro hijo se frustra con algo.

Para ello, animaremos a nuestro hijo a que nos explique con sus palabras qué está ocurriendo y qué nos quiere decir.

Estas conductas es conveniente afrontarlas con paciencia y serenidad ya que, normalmente se producen en niños de más corta edad, desapareciendo a medida que crecen y aprenden conductas alternativas más saludables para comunicarse con el entorno.

¿Qué podemos hacer si nuestro hijo no para de pelearse y pegar a sus hermanos?

En primer lugar, las peleas entre hermanos son bastante comunes independientemente del género o la cultura, razón por la que no alarmarse si observamos que nuestros hijos se pelean o uno de ellos es el que inicia la disputa.

Para evitar o eliminar este tipo de conductas podemos hacer uso de una serie de recomendaciones al respecto.

El cariño que otorguemos a nuestros hijos debe ser a todos por igual. Parece algo muy común y básico, pero en ocasiones es normal que reforcemos a uno de nuestros hijos con afecto o premios materiales y a pesar de que nosotros lo hemos hecho de forma inconsciente, nuestros hijos sí se dan cuenta de todo ello y puede ser el detonante de esas peleas y agresiones hacia sus hermanos.

Deberemos de enseñar a nuestros hijos a ser más conscientes del estado emocional en el que se encuentran con el objetivo de que identifiquen sus emociones. Que sean capaces de identificar si están nerviosos, enfadados o aburridos y lo más importante, que lo expresen con sus palabras antes de pegar. Además de educarlos a identificar y reconocer sus emociones, es importante que fomentemos en nuestros hijos la empatía, que se pongan en el lugar de los demás.

Por otro lado, si las peleas son muy frecuentes, conviene pararla, preguntar a todos los implicados qué ha ocurrido para saber todas las versiones y barajar la posibilidad de mediar el conflicto, animando a nuestros hijos a que se pidan disculpas por lo ocurrido. Olvidarnos también de “el bueno” y “el malo” para que esas etiquetas no nos dificulten conocer la historia.

Si lo mencionado anteriormente no funciona, se puede hacer uso del “tiempo fuera”. Dicha técnica consiste en aislar al pequeño de todo estímulo de su alrededor durante un tiempo. Para que no sea demasiado aversivo para el pequeño, podemos ponerle en un rincón de la habitación en la que se encuentren otros hermanos, pero no puede decir ni hacer nada ni sus hermanos pueden interactuar con él mientras se encuentre en tiempo fuera. El tiempo de duración no debe ser superior a los años que tenga el menor, es decir, lo ideal consistiría en que, si el menor tiene 9 años sean 9 minutos de tiempo fuera.

Además de todo ello, conviene implicarse con los pequeños. Pasar tiempo físico no significa que uno se involucre con ellos. Para ello, toda la familia puede realizar actividades agradables en los que haya que mostrar afecto u atención a los pequeños. Se puede proponer un “Día para la familia” en el que cada semana, un integrante de la familia elija cómo y qué actividades agradables se van a realizar a lo largo de todo el día o durante la tarde.

De forma simultánea, implantar la rutina de preguntarles cómo les ha ido el día, qué han aprendido hoy en la escuela, si les han mandado deberes, si han tenido alguna dificultad y en caso afirmativo, si han podido o no resolverla para poder ayudarles en la próxima ocasión y así poder estar más cerca de ellos y de las adversidades que tienen en su vida diaria.

¿Qué podemos hacer si nuestros hijos solo quieren jugar a la consola o usar el móvil? / ¿Cómo evito que pase tanto tiempo con el ordenador?

En consulta solemos escuchar de modo frecuente frases de tipo: “Mi hijo solo quiere jugar al ordenador, no hay modo de desengancharle” o “Mi niña está continuamente con el móvil, va con él a todas partes”.

Si últimamente hemos observado en nuestros hijos un incremento en el tiempo que pasan junto a las tecnologías, ya sea, teléfono móvil, consolas, ordenadores, etc. Podríamos fijar con ellos “tiempo de tecnología” y “tiempo de desconexión”.

Es decir, realizar un acuerdo con ellos en el que estipulemos la cantidad de tiempo al día que pueden realizar actividades con la tecnología y, por otro lado, actividades relajantes que le ayuden a desconectar de lo anteriormente comentado.

Las actividades de desconexión pueden ser todas las que se nos ocurran, a nosotros o a los menores, que sean divertidas, relajantes, educativas, etc. Y en las que no se tenga que hacer uso de la tecnología. Ejemplos de ello puede ser, realizar paseos, practicar algún deporte en equipo, leer, realizar manualidades, practicar con algún rompecabezas, salir con los amigos, jugar a juegos de mesa, etc.

Conviene al inicio ser flexible con los tiempos que fijemos, dejando claro que más adelante los tiempos pueden variar.

Si pasado un tiempo observamos que la conducta de nuestro hijo sigue igual o sin apenas mejoría, podemos realizar con ellos unas técnicas que utilizamos mucho en consulta.

En los niños menores de 10 años la técnica consiste en crear un cuadrante en el que cada columna serán distintas actividades realizadas en el día a día como puede ser, hacer la cama, lavarse los dientes, poner la mesa, poner/quitar el lavavajillas, etc.

Al final de día nos reuniremos para ver si se han cumplido las actividades y pondremos pegatinas, gomets o tics en aquellas que se hayan cumplido. Si se han realizado todas o casi todas con excepción de una, al día siguiente se le dejará la consola/móvil durante una hora. En caso de no realizar las actividades propuestas no se le permitirá coger el dispositivo tecnológico independientemente de cómo reaccione.

Conforme vayamos observamos que el pequeño realiza las actividades con independencia del premio (móvil/consola) poco a poco iremos poniendo en el cuadrante actividades mas generales que las hasta ahora descritas (por ej. Portarse bien por la mañana, ayudar en las tareas casa, etc.)

En los niños mayores de 10 años la técnica a utilizar será algo distinta.

Pondremos en práctica con nuestro hijo un “contrato” en que quedarán fijadas aquellas actividades o comportamientos que debe realizar a lo largo del día si quiere conseguir el premio (utilizar la consola/móvil). Las actividades conviene que sean cotidianas y alcanzables. En caso de no realizarlas, no obtendrá premio alguno.

En esta técnica es importante que ambas partes firmen el documento para aumentar la motivación y así llegar a cumplir los objetivos propuestos.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo se siente a comer sin usar el móvil?

Escuchamos muy a menudo en consulta la frase “Mi hijo no come si no le dejo el teléfono”, y es que, es un problema bastante más común de lo que nos pensamos.

Ante este dilema, hay varias soluciones que podemos intentar con nuestros hijos.

En primer lugar, no conviene que de un día para otro le quitemos o le prohibamos utilizar el móvil, ya que no sabrán a que se debe ese cambio tan brusco y lo más probable es que aparezca una rabieta o una pelea.

Para evitarlo, le explicaremos a nuestros hijos que a partir de ahora intentaremos usar menos el móvil, en especial, en las horas de comidas y cenas.

Para comenzar con esta nueva rutina, podemos intentar que coincida con los días en los que salgamos a comer fuera o aparezca algo “novedoso” o “especial” ya que, probablemente los primeros días nuestro hijo sufra una especie de “mono” tecnológico y todo lo que anteriormente estaba en el momento de la comida le recuerde el móvil y sea peor.

Dicho en otras palabras, cambiar el ambiente en el que anteriormente se daba la conducta. Puede ser, por ejemplo, cambiar la disposición de mesas, sillas o lugar donde frecuentemente se comía.

Durante el tiempo que estemos comiendo podría ser recomendable no utilizar nuestro móvil u otros dispositivos electrónicos como la televisión, ya que la conducta que pretendemos quitar la podríamos sustituir por otra que probablemente también nos traiga problemas.

En este caso, lo que debemos hacer es, aportar una conducta alternativa que sea adecuada como por ejemplo, una charla familiar en un ambiente relajado sin distracciones externas para propiciar una comida consciente [ El comer consciente consiste en prestar atención plena a lo que estamos ingiriendo de tal forma que no comamos de forma automática, sino que, prestemos atención a los sabores, olores, sensaciones que nos produce la comida, y sobre todo, a aquellas sensaciones que nos manda nuestro cuerpo y estómago para que poco a poco, aprendamos a escucharlos y evitemos “comer por los ojos” o comer hasta reventar].

A la hora de intentar reducir el uso del móvil, se pueden buscar actividades alternativas que sean incompatibles con la conducta como, por ejemplo, dar un paseo, jugar con los amigos, practicar algún deporte en grupo, etc. Las actividades que se realicen en sustitución del uso del móvil, sería conveniente que las proponga el niño para que la motivación a realizarlo sea mayor, ofreciéndole nosotros algunas ideas.

Cuando observemos que nuestro hijo comienza a realizar actividades que no tengan que ver con la tecnología podríamos otorgarles pequeñas recompensas (por ej. Preparar al día siguiente su comida favorita, pasar más tiempo en el parque o ampliar el tiempo que pasa haciendo actividades que le resulten agradables y en las que se divierta)

Por último, no olvidemos reforzar a nuestros hijos con muestras de cariño y amor y pasar tiempo con ellos.

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Trastornos más frecuentes
en consulta:
( tristeza, depresión, distimia…)

 

  • Ansiedad, miedos y fobias
  • Problemas de conducta (agresividad)
  • Dificultades en las relaciones paterno-filiales
  • Pautas educativas y de crianza
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  • Enuresis y encopresis
  • Fracaso escolar
  • Timidez, fobia social, acoso escolar
  • Trastornos del sueño
  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad
  • Procesos de duelo
  • Adicciones
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¿Crees que necesitas nuestra ayuda?

Si todavía tienes dudas te aconsejo que agendes una primera sesión con nosotros, nos conozcas y veas si encajamos con tu hijo /hija. Si ambos estáis satisfechos podemos seguir trabajando juntos.